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Dehesa de Navalcarbón

Parque Dehesa de Navalcarbón

Parque Dehesa de Navalcarbón

La Dehesa de Navalcarbón esta situada en Las Rozas de Madrid, a unos 2 kilómetros al noroeste del pueblo en la zona del polideportivo que lleva el mismo nombre y a unos 26 kilómetros desde Madrid.

En el siglo XVIII la dehesa era conocida como la Dehesa Vieja y su cambio de nombre vino derivado de la existencia de carboneras de carbón vegetal en la zona.

Descripción

En el parque de Navalcarbón además de disfrutar de sus caminos entre pinos y encinas tienes la posibilidad de encontrar vestigios de la Guerra Civil; nidos de ametralladoras, fortines, un observatorio blindado, un puesto de mando y construcciones auxiliares.

Las Rozas cuenta con una gran número de vestigios bélicos de la Guerra Civil entre los que se encuentran 70 fortificaciones, 14 refugios subterráneos y 40 tramos de trincheras. Se encuentran esparcidos por la localidad y puedes encontrarlos en la misma Dehesa de Navalcarbón, el arroyo de la Retorna, Fuente del Cura y Monte Rozas.

El Canal del Guadarrama, un ambicioso y malogrado proyecto del siglo XVIII que tenía como objetivo unir por vía fluvial Madrid con el mar, también dejo algunos restos en la dehesa, aunque un río artificial ahora ocupa el curso del cauce por el que se proyectaba el canal.

La parte de la dehesa más próxima al polideportivo cuenta merendero y parque infantil. Se trata de un lugar de esparcimiento y disfrute de la naturaleza y el aire libre para los vecinos de Las Rozas que también recomendamos visitar al resto de madrileños ya que su historia y todo lo que ofrece es digno de al menos un paseo.

En este lugar también se conmemora el primer lunes después del primer domingo de mayo la celebración de la romería de la Virgen del Retamar patrona de Las Rozas.

Ficha Técnica

Tiempo: 2/3 horas
Longitud: 6 kilómetros
Desnivel: 77 metros (vaguada extremo sur Dehesa Navalcarbón, 715 metros; torre vigilancia incendios, 750 metros)
Recorrido: Ruta circular
Dificultad: Fácil
Niños: Sí
Perros: Sí

Más: Qué llevar a una excursión al monte

Mapa y Perfil

Cómo Llegar

Por la M-50 dirección A-6, coger la salida al centro comercial Európolis antes de llegar a la A-6. Girar en la primera rotonda hacia la Travesía de Navalcarbón. Hay un parking cercano y la dehesa se encuentra al otro lado del aparcamiento.

Desde Madrid, por A-6 hasta salida 19. Continuar por la vía de servicio 3 kilómetros, hasta la rotonda situada junto al parque de bomberos. En la rotonda tomar la tercera salida a la derecha y pasar bajo A-6. En la siguiente rotonda tomar la segunda a la derecha, dirección Centro de ocio, zona comercial y M-50.

Proseguir por el lateral de la M-50 durante un kilómetro, hasta la segunda rotonda. Salir de la rotonda por la tercera a la derecha, pasar bajo la M-50 y en la siguiente rotonda continuar por la segunda a la derecha, calle Travesía de Navalcarbón.

Accesos: Desde la rotonda proseguir 300 metros hasta alcanzar una nueva rotonda delante de la ermita de Nuestra Señora de Retamar. A la derecha está el aparcamiento al que se accede por la calle Castillo de Simancas, primera a la derecha.

La entrada está enfrente del acceso al recinto ferial y deportivo de Nuestra Señora de Retamar. Desde el aparcamiento cruzar la Travesía de Navalcarbón y dirigirse a la derecha, a la encrucijada de este vial con la calle Samuel Bronston. La ruta empieza en el lado sur de esta última calle, a la izquierda de un espacio para juegos infantiles.

Qué Ver

Hay fortines de mampostería, búnkeres de los llamados por su forma de ojo de cerradura, otras construcciones de hormigón y ladrillo y una red de trincheras que dibuja una singular geografía enmarañada en el sotobosque.

Entre los abundantes restos de la arquitectura de guerra que se esparcen por la región madrileña -los más abundantes entre todas las Comunidades Autónomas- los situados en la Dehesa de Navalcarbón, a las afueras de Las Rozas son uno de sus más singulares conjuntos.

Después de ochenta años de olvido fueron incluidos en el Plan Regional de Fortificaciones de la Guerra Civil en 2017. Un equipo de arqueólogos de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, en colaboración con el Ayuntamiento de las Rozas, trabajó en su recuperación. Se restauraron algunos de los más de 80 vestigios que subsisten en la zona, la mayoría enterrados casi por completo.

Al tiempo que se recuperaron once construcciones, salieron a la luz una interesante batería de restos de munición y otros objetos comunes en los frentes de aquella contienda como peines, botellas, material médico, etc. La visita a los vestigios de la Guerra Civil de Navalcarbón es una ruta similar a las existentes en la región, como la del Frente del Agua, en Paredes de Buitrago.

Mapa Ubicación Fortines Dehesa de Navalcarbón
Mapa Ubicación Fortines Dehesa de Navalcarbón

La Batalla de la Niebla

La Batalla de la Niebla fue un enfrentamiento que apenas llegó a esbozarse por la aparición de dicho fenómeno atmosférico en las afueras roceñas. Sucedió en esta dehesa hoy cubierta por espeso bosque de pino piñonero y entonces terreno adehesado, mucho más despejado, por tanto.

Por su centro pasaba la línea defensiva de la carretera de La Coruña. En diciembre de 1936, el ejército rebelde franquista intentó cortar tan importante acceso a Madrid. A la hora de la batalla, se presentó una espesa niebla que abortó la operación.

Con el paso del tiempo, la dehesa se ha cubierto de espeso arbolado, siendo importante lugar de esparcimiento para los roceños. En especial para los corredores, cuya notable densidad delata cuanto tiene de moda hoy este deporte. También es destino recomendable para un tranquilo paseo histórico, en el que los restos de guerra no son la única sorpresa.

Empieza la caminata en la rotonda situada ante la ermita de Nuestra Señora de Retamar. En su lado oeste desemboca una solitaria carretera cerrada al tráfico, que parte en dos la pinada. Su nombre: calle de Samuel Bronston, trae a la memoria la figura del productor estadounidense de origen ruso que mantuvo un intenso y fructífero idilio cinematográfico con el municipio roceño.

Fue sobre todo en la década de los 60, cuando convirtió el suelo español en uno de los más recurrentes platós del Séptimo Arte internacional. Aquí rodó un puñado de importantes películas: Rey de Reyes, El Cid, 55 días en Pekín y La caída del Imperio romano, que contaron con los mejores actores internacionales del momento. Para el rodaje de las dos últimas adquirió unos terrenos en Las Matas, unos kilómetros al norte de Navalcarbón.

En Las Matas Bronston construyó varios escenarios, destacando el de La Caída del Imperio Romano, calificado en su momento como el mayor decorado de la historia. Con una superficie próxima a los 100.000 metros cuadrados, más de mil operarios levantaron una ciudad romana con varias decenas de construcciones a tamaño original, incluyendo un enorme foro.

Era tan grande, que aquella ciudad romana resultaba visible desde la carretera de La Coruña, a pesar de estar alejada varios kilómetros. Bronston falleció en California en 1994, reposando sus cenizas en el cementerio de Las Matas por expreso deseo suyo.

El Canal del Guadarrama

Continuamos la ruta siguiendo el curso de una pequeña ría, caminamos a su lado durante medio kilómetro, dejando al lado un puente metálico que cruza las aguas. Poco después se llega a su final, en una zona urbanizada. Un panel metálico cuenta la singular historia de este brazo de agua.

Reinaba Carlos III cuando se puso en marcha el proyecto de la construcción de un canal navegable que, con inicio en el río Guadarrama, aguas arriba de Las Rozas, llegase hasta el océano Atlántico. Lo haría a través de un tortuoso camino que pasaría por Madrid, Aranjuez, La Mancha, Sierra Morena y Sevilla.

La intención era unir la capital del reino con el mar, al tiempo que se creaba una vía de comunicación para el transporte del cereal de Castilla, así como los productos que llegaban a Sevilla desde el Nuevo Mundo hasta Madrid.

Alimentado por los escasos cursos fluviales de esta primera parte, iría salvando los desniveles con un sistema de sucesivas esclusas. El inicio del canal estuvo en la presa del Gasco, a la salida de las gargantas del Guadarrama, muy cerca de la actual urbanización Molino de la Hoz.

Una Obra Hidráulica Desmesurada

Comenzaron las obras en el invierno de 1787. A pesar de la escasa mano de obra empleada, unos cien hombres, en el inicio del verano se había construido una parte importante del muro de la presa del Gasco, destinada a ser depósito primero de las aguas, para su regulación, y las primeras cuatro leguas del canal, precisamente hasta el punto donde ahora nos encontramos.

Continuaron las obras, con bastante escasa atención y menos fondos todavía, hasta marzo de 1799. Fue cuando se desató una enorme tormenta en el pie de sierra, donde toma sus aguas el río Guadarrama. La fuerza del caudal del río se llevó por delante la parte central de la presa del Gasco, lo que supuso el abandono de un proyecto con visos surrealista que, sin embargo, fue la obra hidráulica más importante del mundo del siglo XVIII.

Darle la vuelta al canal, para remontar sus aguas por la orilla contraria por la que bajamos, hasta la altura del elegante puente metálico, punto en el que se toma el camino que se abre a la derecha, este. Continuar durante 300 metros, pasando sobre una pasarela de madera situada en una zona baja que suele inundarse.

Alcanzar un segundo puente sobre el canal que ha dado un giro unos metros al norte. Sin cruzarlo tomar el camino que a la derecha, discurre sobre el dique que encinta el canal, que está abajo a nuestra izquierda. Continuar hasta un tercer puente, donde se abandona la cercanía de las aguas, para girar a la derecha y continuar por una pista que desciende rumbo suroeste.

Seguir la ancha pista hasta que gira 90º al oeste, derecha. Abandonarla por un camino que a mano izquierda, este, desciende a una vaguada por el interior del espeso pinar, en la que es la zona más baja de la dehesa de Navalcarbón. A la derecha, aparece una empinada ladera surcada por numerosos caminos abiertos por los ciclistas todoterreno.

Árbol Monumental

Seguir el camino dirección este hasta que desemboca en una pista principal. Tomarla a la izquierda y seguir por ella hasta alcanzar una casa con portón metálico. A su lado se localiza un esbelto pino piñonero, tal vez el más monumental de la dehesa. Con una altura de 20 metros, su tronco se bifurca a cinco metros del suelo.

Continuar por la pista unos pocos metros hasta alcanzar una importante encrucijada situada en el centro de Navalcarbón. Tomar la segunda pista a la derecha, dirección noreste, con varios cipreses en su orilla. Se circula por el fondo de una depresión que marcha rumbo norte-sur, a escasa distancia de la autopista A-6, situada a la derecha, unos metros más arriba.

A la derecha se extiende la parte más espesa del pinar. La especie casi exclusiva en el cerrado bosque el pino piñonero, bajo cuyo dosel sobreviven algunos otros árboles, encinas principalmente.

La pista desemboca en la entrada principal de la dehesa de Navalcarbón, que da paso al otro extremo de la calle Samuel Bronston desde la A-6. Una barrera impide el paso a los vehículos, convirtiendo en peatonal este vial. Cruzarlo y continuar rumbo norte a escasa distancia del borde de la dehesa. Dejar a la derecha un parque infantil y seguir el camino que gira hacia el noroeste.

Se pasa junto a una pasarela, para unos metros más al norte y junto al perímetro de la dehesa, descubrir uno de los búnkeres restaurados. Continuar unos metros rumbo norte hasta el primer cruce de caminos, donde se toma la senda que a la izquierda, este, penetra en el pinar. Seguir hasta darse con una pista ancha que cruza perpendicular.

Seguir por la pista a la izquierda unos trescientos metros, para continuar por un camino a la derecha. Enseguida se alcanza una construcción de mampostería. Algo más allá, al otro lado de una pista más importante que marcha rumbo norte-sur, se localizan otros dos vestigios militares de menor importancia que los anteriores.

Seguir por la pista rumbo norte unos metros, para abandonarla enseguida por su lado derecho hasta alcanzar un camino paralelo que marcha por encima de una sucesión de desmontes algo más elevados que la pista. Desde este mínimo altozano se descubre a nuestros pies el inconfundible trazado en zigzag de la trinchera más importante del lugar. Unos metros más al norte se sitúa otro búnker.

Desde este punto continuar hacia el este, hasta una torreta metálica de vigilancia de incendios que sobresale por encima de las copas de la pinada. A sus pies uno de los búnkeres que se rehabilitaron. Desde aquí solo queda continuar rumbo suroeste en busca de un último búnker, situado en una encrucijada de caminos, ya a muy escasa distancia de la rotonda de la ermita de Nuestra Señora de Retamares donde empezamos el paseo.

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